sábado, 11 de agosto de 2007

BEIJING

Ya estamos en Beijing. Después de algún que otro incidente, superado el jet lag, nos levantamos un poco tarde ( unos más que otros) y nos vamos a la plaza de Tiannamen, donde yo ya había estado el día anterior en una breve visita, ya que está muy cerca del hotel. Es una plaza inmensa, dicen que la más grande del mundo. En un principio no impresiona tanto, por poner un ejemplo me pareció mucho más grande y monumental el espacio que hay en Washington entre el monumento a Lincoln y el Capitolio, pero luego, a medida que la vas caminando, vas adquiriendo conciencia de la grandiosidad del espacio, ya que al estar salpicada de edificios y monumentos, éstos hacen que el espacio visible no sea tan grande.
Justo al norte de la plaza está la entrada a los jardines de la Ciudad Prohibida. Nos adentramos en ellos y posteriormente entramos en la ciudad, un conjunto interminable de plazas, jardines y pabellones que llevaría una semana recorrerlo entero.


Al salir, decidimos volver un rato caminando y entramos en un pequeño hutong (conjunto de casitas de planta baja, la mayoría sin agua y en estado lamentable , donde aun viven muchos pekineses) donde nos asaltaron conductores de ricksaw para llevarnos a conocer el hutong. Hubo uno que parecía no entender la palabra "no", así que hubo que poner mala cara para que entendiera....
Caminamos por grandes avenidas y por grandes espacios vacíos, en obras ( no se si de aqui a un año ésto estará preparado; queda muuuuuuucho por acabar...); en una avenida encontramos un supermercado Dia. La mayoría de las tiendas están que no están en el centro están en un estado ruinoso, con escaparates apagados y sucios. Preguntamos en una tienda de bicicletas si las alquilan y nos dicen que sí.... ya tenemos bici para dar una vuelta un día por Beijing. Al volver al hotel, atravesamos unos jardines chinos preciosos, con un riachuelo cruzado por puentes de madera... parece que estemos en pleno campo.
Mientras los niños se quedan en el hotel, me voy a dar una vuelta por los alrededores y entro en un hutong justo enfrente. Es increíble el contraste entre los rascacielos que están al lado, a escasos metros o en la misma calle, y los laberintos de barracas apelotonadas donde vive toda esta gente. Sin embargo se respira un atmósfera de barrio, hay una alegría y una camaradería en todos que no se percibe en el centro de la ciudad. La gente sonríe a mi paso... un barbero cortando el pelo en plena calle, una tienda de bebidas... muchos habitantes de los hutong aprovechan la fachada de la calle para montar una pequeña tiendecita o taller...Vuelvo a la civilización y me detengo en un mercado de comida callejero. Varios puestos, uno al lado del otro, con una pequeña plancha donde hacen pinchitos y otras extrañas cosas que sin duda probaré un día de éstos....
En el hotel decido probar con un masaje chino. Escojo un masaje de espalda y cabeza y el tío casi me desmonta vértebra a vértebra, pero el caso es que me ha dejado la espalda de maravilla. Como no hay mucha hambre, cenamos en el hotel y nos vamos a dormir... mañana será otro día...

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